Saludos garrapiñados, bloggeros míos ^o^
Bueno, durante unos días notaréis unos cambios en el blog. No os sorprendáis: debo decir que soy una persona muy indecisa y en ocasiones bipolar, así que los cambios por aquí se sucederán bastante. Aun no sé qué diseño quiero ponerle al blog, pero poco a poco, la cosa irá tomando forma, ya veréis.
Además, ha comenzado ya el curso, por lo que tengo un lío relío entre deberes, cuadernos que organizar, y muchas cosas en la cabeza que deseo escribir y mostraros que no sé ni por dónde comenzar.
¡Gran grupo! :3 Os veo pronto con nuevo diseño, nueva novela y ganas renovadas de escribir :D
martes, 27 de septiembre de 2011
sábado, 17 de septiembre de 2011
Nuevo curso, nuevo proyecto ! -Prólogo-
¡Saludos otra vez, bloggeros!
Ya estamos a 17 de septiembre, para quienes viváis al norte, ya estaréis disfrutando del fresco, e incluso de lluvia, y quienes viváis al sur, como yo, bueno...crucemos los dedos juntos para que se refresque pronto la cosa T^T
Además, ha comenzado el curso, por lo que me he puesto las pilas también en eso de escribir. Voy a comenzar algo que llevaba ya bastante tiempo rumiando. No tiene título (ya sabéis, se admiten sugerencias ^-^), ni final concreto todavía, pero el terreno y los cimientos ya están preparados para empeLzar a construir algo bueno :D
Dicho esto, inauguro mi nueva novela! :DDDDDD
PRÓLOGO
Laura levantó la vista del suelo para mirar a su madre cuando ésta terminó de hablar. La observo durante medio segundo durante el cual un manto de lágrimas empañó su vista.
-¿Cómo...?-musitó de forma casi imperceptible.
Ambas se miraron a los ojos, y sin mediar palabra, se abrazaron fuertemente.
Laura lloró sobre el hombro de su madre como jamás lo había hecho. Sollozo en silencio, derramando mil lágrimas con pesadumbre, mientras recordaba. Rememoraba cosas, demasiadas cosas que ya no volvería a ver nunca más: sus ojos, su mirada pícara, su manera de chincharla continuamente, su parsimonia e incluso sus riñas; cosquillas en el sofá, momentos inolvidables en una playa asturiana, guiños que nadie más que ella recibía, infinitas bromas...
¿Cómo se había podido haber esfumado todo eso en tan poco tiempo?
De repente, sintió una mano sobre su hombro. Era su padre; el pobre, no veía su papel en todo aquello.
Elena, su madre, se separó de su hija con delicadeza y la miró. Laura advirtió que ella también lloraba.
-¿Quieres venir?-preguntó Elena dulcemente.
La chica no se lo pensó dos veces.
-Por supuesto.
A su espalda, notó la mirada de su padre clavada sobre su nuca.
-Ni hablar-sentenció-. No irás. Eres pequeña para eso.
Laura sintió algo que estallaba dentro de su ser. En repetidas veces durante toda su vida, Víctor, su padre le había reprimido e impedido ser como ella quería, hacer cosas que a ella le gustara, y arruinado oportunidades solo por anteponer sus sentimientos a los de ella.
Pero aquello había llegado demasiado lejos.
Se levantó de la cama de su habitación como si algo le hubiese pinchado. Se giró hacia Víctor y fijó la mirada en él, furiosa.
-¿Cómo has dicho...?
-No irás-repitió su padre imitando su tono de voz indignado, burlándose de ella.
-¡Iré!-¡Iré, te guste o no! ¡Quiero ir! ¡Debo ir! ¡Y lo sabes!
-Laura María Sánchez, no me grites...
-¡Cállate! ¡GRITO SI ME DA LA GANA! ¡Estoy harta de que todo se haga como tú quieras! ¡Me da igual tu opinión en esto, mañana estaré allí!
-¡Laura!
-¡¡Que te calles!!
Fuera de sí y roja de rabia, se dio la vuelta y corrió fuera de la habitación a toda prisa. Sin pararse a pensar, abrió la puerta y tras dar un portazo tras de sí, descendió por las escaleras del edificio hasta la salida.
De pronto, paró en seco y observó el paseo marítimo. Era su momento preferido del día: el crepúsculo. El cielo era naranja, casi rojo, la gente paseaba tranquilamente, y solo unos pocos miraban más de un segundo a aquella chica de dieciséis años cuyo rostro estaba surcado por rastros de rímel y lágrimas.
Algo más tranquila, y sin dejar de llorar, pensó adonde podía ir. La respuesta estaba frente a ella. Comenzó a caminar con paso ligero hacia la playa, se quitó las sandalias al llegar y anduvo hasta la orilla para sentir el mar en sus pies. Se abrazó a sí misma y continuó sollozando allí, de pie, hasta que anocheció.
De pronto, sintió cómo alguien se acercaba a ella, y unos brazos muy familiares la rodeaban. Un aroma conocido la embriagó, y tan solo pudo continuar llorando abrazada a él.
Y la noche se llevó aquel triste día que jamás lograría borrar de su memoria.
Ya estamos a 17 de septiembre, para quienes viváis al norte, ya estaréis disfrutando del fresco, e incluso de lluvia, y quienes viváis al sur, como yo, bueno...crucemos los dedos juntos para que se refresque pronto la cosa T^T
Además, ha comenzado el curso, por lo que me he puesto las pilas también en eso de escribir. Voy a comenzar algo que llevaba ya bastante tiempo rumiando. No tiene título (ya sabéis, se admiten sugerencias ^-^), ni final concreto todavía, pero el terreno y los cimientos ya están preparados para empeLzar a construir algo bueno :D
Dicho esto, inauguro mi nueva novela! :DDDDDD
PRÓLOGO
Laura levantó la vista del suelo para mirar a su madre cuando ésta terminó de hablar. La observo durante medio segundo durante el cual un manto de lágrimas empañó su vista.
-¿Cómo...?-musitó de forma casi imperceptible.
Ambas se miraron a los ojos, y sin mediar palabra, se abrazaron fuertemente.
Laura lloró sobre el hombro de su madre como jamás lo había hecho. Sollozo en silencio, derramando mil lágrimas con pesadumbre, mientras recordaba. Rememoraba cosas, demasiadas cosas que ya no volvería a ver nunca más: sus ojos, su mirada pícara, su manera de chincharla continuamente, su parsimonia e incluso sus riñas; cosquillas en el sofá, momentos inolvidables en una playa asturiana, guiños que nadie más que ella recibía, infinitas bromas...
¿Cómo se había podido haber esfumado todo eso en tan poco tiempo?
De repente, sintió una mano sobre su hombro. Era su padre; el pobre, no veía su papel en todo aquello.
Elena, su madre, se separó de su hija con delicadeza y la miró. Laura advirtió que ella también lloraba.
-¿Quieres venir?-preguntó Elena dulcemente.
La chica no se lo pensó dos veces.
-Por supuesto.
A su espalda, notó la mirada de su padre clavada sobre su nuca.
-Ni hablar-sentenció-. No irás. Eres pequeña para eso.
Laura sintió algo que estallaba dentro de su ser. En repetidas veces durante toda su vida, Víctor, su padre le había reprimido e impedido ser como ella quería, hacer cosas que a ella le gustara, y arruinado oportunidades solo por anteponer sus sentimientos a los de ella.
Pero aquello había llegado demasiado lejos.
Se levantó de la cama de su habitación como si algo le hubiese pinchado. Se giró hacia Víctor y fijó la mirada en él, furiosa.
-¿Cómo has dicho...?
-No irás-repitió su padre imitando su tono de voz indignado, burlándose de ella.
-¡Iré!-¡Iré, te guste o no! ¡Quiero ir! ¡Debo ir! ¡Y lo sabes!
-Laura María Sánchez, no me grites...
-¡Cállate! ¡GRITO SI ME DA LA GANA! ¡Estoy harta de que todo se haga como tú quieras! ¡Me da igual tu opinión en esto, mañana estaré allí!
-¡Laura!
-¡¡Que te calles!!
Fuera de sí y roja de rabia, se dio la vuelta y corrió fuera de la habitación a toda prisa. Sin pararse a pensar, abrió la puerta y tras dar un portazo tras de sí, descendió por las escaleras del edificio hasta la salida.
De pronto, paró en seco y observó el paseo marítimo. Era su momento preferido del día: el crepúsculo. El cielo era naranja, casi rojo, la gente paseaba tranquilamente, y solo unos pocos miraban más de un segundo a aquella chica de dieciséis años cuyo rostro estaba surcado por rastros de rímel y lágrimas.
Algo más tranquila, y sin dejar de llorar, pensó adonde podía ir. La respuesta estaba frente a ella. Comenzó a caminar con paso ligero hacia la playa, se quitó las sandalias al llegar y anduvo hasta la orilla para sentir el mar en sus pies. Se abrazó a sí misma y continuó sollozando allí, de pie, hasta que anocheció.
De pronto, sintió cómo alguien se acercaba a ella, y unos brazos muy familiares la rodeaban. Un aroma conocido la embriagó, y tan solo pudo continuar llorando abrazada a él.
Y la noche se llevó aquel triste día que jamás lograría borrar de su memoria.
lunes, 5 de septiembre de 2011
65 Aniversario del nacimiento de Freddie Mercury
¿Qué hay, bloggeros? Hoy ya es 5 de septiembre, poco a poco dejamos el verano atrás, con sentimientos entremezclados y contradictorios, y entramos en un lejano vientecillo que nos va trayendo un nuevo otoño en pequeñas dosis. Sí, se nota que me gusta esto, ¿verdad? Soy una de esas pocas personas que existen a las que no les gustan el calor, será eso de vivir al sur, 40 grados a la sombra son algo excesivos...
Pero hoy es algo más que eso. Hoy (además del cumpleaños de mi madre xD), es el 65 aniversario del nacimiento de Freddie Mercury. Si el SIDA no nos lo hubiera arrebatado un 24 de noviembre de 1991 (dos días después de anunciar públicamente que tenía la enfermedad), hoy podríamos verle celebrando su 65º cumpleaños haciendo lo que más le gustaba : cantar en un escenario.
Nacido en Zanzíbar (Tanzania) un 5 de septiembre de 1946, y bautizado como Farrokh Bulsara, emigró a América para formarse como cantante. Era famoso por conceder escasas entrevistas, casi ninguna, se consideraba tímido y era siempre modesto. ''Soy una prostituta musical'', decía entre risas, ''no sé, solo soy yo...simplemente, yo''.
Cuando le preguntaron cómo quería ser recordado tras morir, declaró: ''Estaré muerto, ¿a quién le importa? A mí no me importa''. Hoy, sin embargo, recordamos con tristeza su ausencia.
Ha sido una gran influencia para grupos como Muse, y lo seguirá siendo para futuros cantantes.
Gracias por darnos la oportunidad de escucharte, Freddie. Jamás te olvidaremos.
Pero hoy es algo más que eso. Hoy (además del cumpleaños de mi madre xD), es el 65 aniversario del nacimiento de Freddie Mercury. Si el SIDA no nos lo hubiera arrebatado un 24 de noviembre de 1991 (dos días después de anunciar públicamente que tenía la enfermedad), hoy podríamos verle celebrando su 65º cumpleaños haciendo lo que más le gustaba : cantar en un escenario.
Nacido en Zanzíbar (Tanzania) un 5 de septiembre de 1946, y bautizado como Farrokh Bulsara, emigró a América para formarse como cantante. Era famoso por conceder escasas entrevistas, casi ninguna, se consideraba tímido y era siempre modesto. ''Soy una prostituta musical'', decía entre risas, ''no sé, solo soy yo...simplemente, yo''.
Cuando le preguntaron cómo quería ser recordado tras morir, declaró: ''Estaré muerto, ¿a quién le importa? A mí no me importa''. Hoy, sin embargo, recordamos con tristeza su ausencia.
Ha sido una gran influencia para grupos como Muse, y lo seguirá siendo para futuros cantantes.
Gracias por darnos la oportunidad de escucharte, Freddie. Jamás te olvidaremos.
''Soy simplemente yo''.
Por eso me llaman Mr. Farenheit !
lunes, 29 de agosto de 2011
Celos
Celos. Celos, celos y más celos. ¿Por qué no puedes dejar de sentirlos? Amiga, ¿por qué nos envidiamos la una a la otra? Es esto sano? ¿Es bueno acaso? No... y sin embargo, ¿por qué no somos capaces de alegrarnos la una por la otra, yo de ti y tú de mí? ¿Por qué seguimos añorando lo ajeno? No podemos discutir por estas tonterías; No, te aprecio demasiado para detenerme por esta nimiedad.
Haré lo que sea por ti: sonreiré cuando desee llorar; hablaré alto y claro cuando trates de torturarme con tu silencio acusador; me levantaré cuando con tus palabras envenenadas me derrumbes; te abrazaré con fuerza cuando rechaces mi cariño, mi tacto.
Ante todo, no me rendiré. Estas emociones son humanas, cariño, nada más que humanas, no son culpa tuya, ni mía. No grites, baja la voz, todo se puede hablar. Sabes que podemos con esto, sabes que no sentimos realmente lo que nos decimos con maldad, sabes que nos queremos demasiado para esto.
Amiga... Deja que todo se arregle solo. Sonríe conmigo y dame la mano; cuéntame lo que sea, te escucho, al igual que tú a mí. No hay envidia, no hay celos, no hay inseguridad.
Para esa hermana que olvidaron darme... te quiero.
Haré lo que sea por ti: sonreiré cuando desee llorar; hablaré alto y claro cuando trates de torturarme con tu silencio acusador; me levantaré cuando con tus palabras envenenadas me derrumbes; te abrazaré con fuerza cuando rechaces mi cariño, mi tacto.
Ante todo, no me rendiré. Estas emociones son humanas, cariño, nada más que humanas, no son culpa tuya, ni mía. No grites, baja la voz, todo se puede hablar. Sabes que podemos con esto, sabes que no sentimos realmente lo que nos decimos con maldad, sabes que nos queremos demasiado para esto.
Amiga... Deja que todo se arregle solo. Sonríe conmigo y dame la mano; cuéntame lo que sea, te escucho, al igual que tú a mí. No hay envidia, no hay celos, no hay inseguridad.
Para esa hermana que olvidaron darme... te quiero.
jueves, 4 de agosto de 2011
Bon voyage
Viajar en tren es divertido. Puedes quedarte mirando embobado por la ventana sin ver nada realmente; intentar mirar un punto fijo, hasta que este punto desaparezca haciendo un borrón ante la rapidez del tren; puedes ser mecido por el rítmico vaivén del vagón y dormirte, seducido por el suave zumbido de la maquinaria, que te trae lejanos recuerdos de otros viajes de antaño. Sacar una libreta y escribir, o dibujar un boceto de algo que más tarde tirarás a la basura, charlar con el de al lado, o simplemente, observar y memorizar.
Da igual cuántas horas tengas por delante y cuántas hayas dejado atrás. Todas te parecen insuficientes, cortas y lentas al mismo tiempo. Por un lado, desearías llegar pronto a tu destino, y por otro, no llegar nunca.
Pero tu destino espera. Quizás quieras aplazarlo o adelantarlo, mas el momento llegará tarde o temprano y tienes que afrontar alegrías y tristezas que este te depara.
París te aguarda. Esa ciudad que te hace recordar cosas que nunca has vivido: paseos por por los Campos Elíseos, visitas al Centro Pompidou o al Museo del Lovre, hermosas imágenes junto a la Torre Eiffel.
La Ciudad del Amor, la Ciudad de las Luces... Probablemente, ya jamás quieras volver, tu ciudad te parecerá insignificantemente pequeña y burda, quizás ya no disfrutarás ni de estar bajo el mismo cielo que siempre, añorarás ese cielo parisino que tampoco tiene nada de diferente al tuyo; problemente, exquisitos recuerdos, demasiados recuerdos perdurarán en tu memoria y te harán sonreír de emoción, rememorando cada paso sobre aquel suelo. Un sueño, una ilusión, todo te parecerá fabricado por tu mente engañosa y despiadada, y solo las fotos y algún que otro testigo sabrán con seguridad que estuviste allí.
Miras una vez más por la ventana del tren y piensas de nuevo lo que llevas repitiendo desde hace meses: ''Qué ganas de llegar...¡qué ganas!'', y sonríes acongojado, ni siquiera saber por dónde empezar en ese mar de posibilidades que aguarda pronto tu llegada. Y luego tocará volver... y tus fantasías, tus amores pasajeros, tus ilusiones, todo quedará atrás.
Tal vez te sientas encerrado tras haber paseado por sus calles, tal vez todo te parezca insulso y no seas tan feliz... No tiene por qué pasar, pero, ¿y si pasa...? Solo puedo decirte algo, querido amigo:
Siempre nos quedará París.
PD: Durante unos días, estaré fuera, no sé si el mes entero de agosto o solo hasta la mitad. Me voy de viaje y no sé si conseguiré tener internet allí, así que esta es mi entrada de despedida, hasta próximo aviso. Un saludo a todos, y felices vacaciones (lo que queda de ellas ;D).
Da igual cuántas horas tengas por delante y cuántas hayas dejado atrás. Todas te parecen insuficientes, cortas y lentas al mismo tiempo. Por un lado, desearías llegar pronto a tu destino, y por otro, no llegar nunca.
Pero tu destino espera. Quizás quieras aplazarlo o adelantarlo, mas el momento llegará tarde o temprano y tienes que afrontar alegrías y tristezas que este te depara.
París te aguarda. Esa ciudad que te hace recordar cosas que nunca has vivido: paseos por por los Campos Elíseos, visitas al Centro Pompidou o al Museo del Lovre, hermosas imágenes junto a la Torre Eiffel.
La Ciudad del Amor, la Ciudad de las Luces... Probablemente, ya jamás quieras volver, tu ciudad te parecerá insignificantemente pequeña y burda, quizás ya no disfrutarás ni de estar bajo el mismo cielo que siempre, añorarás ese cielo parisino que tampoco tiene nada de diferente al tuyo; problemente, exquisitos recuerdos, demasiados recuerdos perdurarán en tu memoria y te harán sonreír de emoción, rememorando cada paso sobre aquel suelo. Un sueño, una ilusión, todo te parecerá fabricado por tu mente engañosa y despiadada, y solo las fotos y algún que otro testigo sabrán con seguridad que estuviste allí.
Miras una vez más por la ventana del tren y piensas de nuevo lo que llevas repitiendo desde hace meses: ''Qué ganas de llegar...¡qué ganas!'', y sonríes acongojado, ni siquiera saber por dónde empezar en ese mar de posibilidades que aguarda pronto tu llegada. Y luego tocará volver... y tus fantasías, tus amores pasajeros, tus ilusiones, todo quedará atrás.
Tal vez te sientas encerrado tras haber paseado por sus calles, tal vez todo te parezca insulso y no seas tan feliz... No tiene por qué pasar, pero, ¿y si pasa...? Solo puedo decirte algo, querido amigo:
Siempre nos quedará París.
PD: Durante unos días, estaré fuera, no sé si el mes entero de agosto o solo hasta la mitad. Me voy de viaje y no sé si conseguiré tener internet allí, así que esta es mi entrada de despedida, hasta próximo aviso. Un saludo a todos, y felices vacaciones (lo que queda de ellas ;D).
domingo, 31 de julio de 2011
Querida víctima
Querida víctima.
Ayer, mientras limpiaba de sangre mi cuchillo jamonero, mi despeinada, y llena de greñas ,cabeza de psicópata , no dejaba de darle vueltas a todo el daño que te había hecho. Lo sé, lo sé, he sido malo. Muy malo. Pero me arrepiento. ¿No es eso lo importante? ¿Arrepentirse de todo daño causado?
Quisiera pedirte disculpas por todas aquellas molestias que te causé. Me arrepiento tantísimo de aquellas notas amenazantes en las que describía cien maneras de matarte; de aquellas noches en las que deambulaba por tu casa, cuchillo en mano, y observaba tu rostro dormido, inspirándome para escribir dichas cartas, y hacía sombras chinescas sobre tu cuello con la hoja del arma, usando la luz de la fría Luna; de haberte hecho sospechar de otros y haber conseguido que creyeras que veías personas que te espiaban día y noche(era yo), y cuando los demás no te creyeron, haberte hecho pensar que estabas loca. Quiero pedirte perdón, también, por haber afilado mi querido cuchillo pensando en ti, es algo que nunca le he dicho a nadie y espero que me perdones por habértelo confesado. Me avergüenzo también de haberte seguido cada día sin que solo vieras de mí una sombra acechante, hasta que tuviste pesadillas, terrores nocturnos y sueños terroríficos en los que chillabas de puro miedo.
Oh, ojalá no hubiese sucedido. Ojalá tanto dolor no se hubiese desperdigado; no era necesario...Si tan solo me hubieses escuchado cuando traté de explicártelo... pero ya no estás, te has ido, y por eso te mando esto. Para que sepas cuánto siento haberte hecho sufrir.
Ojalá sepas perdonarme... por haberte llamado cada día desde un lugar distinto, desde un número diferente, para que nunca sospecharas de mi ubicación, y haber susurrado tu nombre para que este te causara escalofríos, y así reconocieras mi voz como tu peor augurio,y lloraras y temblaras de miedo al oírme...
Perdóname...por haber ido hasta tu casa... por haber abierto esa puerta y susurrar tu nombre para que supieras que estaba allí, y que corrías peligro; por haberme hecho notar en la casa, riéndome cuando corriste a esconderte de mí en el armario, y haber ido dando fuertes pasos sobre el suelo, marcando tus últimos latidos con mis botas desgastadas; Discúlpame, por haber ido deslizando mi cuchillo sobre la pared, arañando la pintura y provocando que se te helara la sangre en las venas, hasta llegar hasta ese armario.
Espero, de veras que ansío que leas esta carta y me perdones por haber abierto la puerta. Oh, puede haberla dejado cerrada, pude haberte dejado una carta como esta en el suelo, pidiéndote disculpas, susurrar ''Lo siento'' junto al armarito, dar media vuelta y marcharme, pero no... Abrí la puerta, y alcé mi cuchillo...
Espero que sepas perdonarme. Lo siento muchísimo.
Ayer, mientras limpiaba de sangre mi cuchillo jamonero, mi despeinada, y llena de greñas ,cabeza de psicópata , no dejaba de darle vueltas a todo el daño que te había hecho. Lo sé, lo sé, he sido malo. Muy malo. Pero me arrepiento. ¿No es eso lo importante? ¿Arrepentirse de todo daño causado?
Quisiera pedirte disculpas por todas aquellas molestias que te causé. Me arrepiento tantísimo de aquellas notas amenazantes en las que describía cien maneras de matarte; de aquellas noches en las que deambulaba por tu casa, cuchillo en mano, y observaba tu rostro dormido, inspirándome para escribir dichas cartas, y hacía sombras chinescas sobre tu cuello con la hoja del arma, usando la luz de la fría Luna; de haberte hecho sospechar de otros y haber conseguido que creyeras que veías personas que te espiaban día y noche(era yo), y cuando los demás no te creyeron, haberte hecho pensar que estabas loca. Quiero pedirte perdón, también, por haber afilado mi querido cuchillo pensando en ti, es algo que nunca le he dicho a nadie y espero que me perdones por habértelo confesado. Me avergüenzo también de haberte seguido cada día sin que solo vieras de mí una sombra acechante, hasta que tuviste pesadillas, terrores nocturnos y sueños terroríficos en los que chillabas de puro miedo.
Oh, ojalá no hubiese sucedido. Ojalá tanto dolor no se hubiese desperdigado; no era necesario...Si tan solo me hubieses escuchado cuando traté de explicártelo... pero ya no estás, te has ido, y por eso te mando esto. Para que sepas cuánto siento haberte hecho sufrir.
Ojalá sepas perdonarme... por haberte llamado cada día desde un lugar distinto, desde un número diferente, para que nunca sospecharas de mi ubicación, y haber susurrado tu nombre para que este te causara escalofríos, y así reconocieras mi voz como tu peor augurio,y lloraras y temblaras de miedo al oírme...
Perdóname...por haber ido hasta tu casa... por haber abierto esa puerta y susurrar tu nombre para que supieras que estaba allí, y que corrías peligro; por haberme hecho notar en la casa, riéndome cuando corriste a esconderte de mí en el armario, y haber ido dando fuertes pasos sobre el suelo, marcando tus últimos latidos con mis botas desgastadas; Discúlpame, por haber ido deslizando mi cuchillo sobre la pared, arañando la pintura y provocando que se te helara la sangre en las venas, hasta llegar hasta ese armario.
Espero, de veras que ansío que leas esta carta y me perdones por haber abierto la puerta. Oh, puede haberla dejado cerrada, pude haberte dejado una carta como esta en el suelo, pidiéndote disculpas, susurrar ''Lo siento'' junto al armarito, dar media vuelta y marcharme, pero no... Abrí la puerta, y alcé mi cuchillo...
Espero que sepas perdonarme. Lo siento muchísimo.
Tu admirador
Víctor alza la cabeza del papel y mira a su alrededor desde su posición, tumbado bocabajo en el suelo; Cualquiera que lo viera desde fuera diría que es como una niña escribiendo alegremente en su diario, con las piernas dobladas, dispuestas hacia arriba, y los codos incados en el suelo, sujetando su cabeza cuyo rostro sonríe. Observa una vez más el pequeño armario, abierto de par en par, y en cuyo interior cabría una persona adulta, si se encogía un poco. Se levanta del suelo ágilmente y recoge el papel escrito, mientras echa otro vistazo más a la chica que yace sobre el mármol.
Es una escena tan macabra como hermosa. Clava la mirada en los ojos abiertos de ella, unos ojos vacíos que ya no miran hacia ninguna parte, aunque apuntan al techo. Su rostro aún está desfigurado en una mueca de terror, la mandíbula desencajada; pero lo que más llama la atención en su cuerpo, es una profunda raja que le cruza el cuello. El asesino sonríe; no de la manera en que sonríe quien acaba de cometer un asesinato premeditado, con satisfacción y maldad; no, él sonríe como una madre que mira a su recién nacido, con dulzura. Con lástima. Y lamentación.
Dobla con la delicadeza de unas manos asesinas, haciendo coincidir todas las esquinas para que resultase un rectángulo perfecto. Deja el papel sobre el pecho del cadáver y, soplando un beso hacia ella como despedida, sale cerrando la puerta tras de sí. Y a pesar de estar cerrada, un charco de sangre se filtra por debajo de esta. Vuelve a sonreír al verse reflejado en el líquido rojo, da media vuelta y se marcha con la misma lentitud y parsimonia con que vino, marcando cada paso.
Los pasos de un asesino.
jueves, 30 de junio de 2011
Siempre en estado de espera...
Hey babies :3
Estamos en verano, las hojas caen, el suelo quema y te darían ganas de tirar a la basura ese puñetero aire acondicionado que apenas funciona para sacarte de los cuarenta grados en los que vives a la sombra. Digamos que, tras comprobar el calorazo que da el ordenador portátil en mis piernas, no me voy a disculpar por haber estado más de un mes sin dar señales de vida.
Mientras escucho ''Fiesta pagana'', de Mago de Oz, me pregunto cuántas veces he intentado remediar algo que he hecho y de lo cual me he arrepentido después, cuando ya era demasiado tarde como para solucionarlo. En ocasiones me he sentido estúpida por un comentario que de primeras me pareció cojonudo, hablando mal y pronto, y después he comprendido lo bonita que estaba mi cara cuando mis labios no emitían sonido alguno.
Y es que he hecho tantas cosas en tan poco tiempo... he visto demasiado y sentido en exceso, ¿dónde está ese lugar en el cual dicen que existe la calma, y carece de la frase ''comerse el coco''?
Es entonces cuando cierro los ojos y me sumerjo en un sueño que vaga entre lo ficticio y lo real. Quién sabe cuándo despertaré.
Mis pies descalzos caminan sobre la playa. Siento cómo la arena se cuela entre mis dedos, y me relaja la humedad que los empaña. Los hundo en el suelo y me quedo allí un rato, admirando la vista. El mar está en calma, el crepúsculo, imponente y majestuoso; ni un alma cruza el lugar. ¿Dónde está todo el mundo? ¿Por qué nadie viene a un sitio tan maravilloso? Algo que nunca ocurre, pasa entonces: una lágrima de emoción surca mi mejilla y me hace sonreír al mismo tiempo. ¿Qué leches sucede en este asco de mundo? ¿Y por qué, a pesar de estar en un paraíso como este, no puedo dejar de sentir pena?
Una sombra recorta el atardecer, y me sorprendo al reconocer su figura. Es él. Mi corazón late, algo que odio que pase, e intento desesperadamente estirar los brazos hacia él. Camino, y me detengo en seco. Una voz ha hablado dentro de mí:
-Detente.
¿Es él? ¿Podría serlo?
De repente, una oscuridad incierta se cierne sobre mí, dejándome sin respiración. Me tira al suelo, y allí jadeo, hundiendo las uñas en la arena, buscando algo de aire. Cierro los ojos con fuerza.
Cuando los abro, el paisaje ha cambiado. Estoy en un páramo sin vida. Mis pies ya no caminan sobre arena, sino sobre hormigón frío y duro. Pero esta vez no siento nada.
Es de noche, y cuando alzo la cabeza, una luna fría y lejana me tranquiliza y me transporta a un sopor y una paz inigualable. ¿De verdad se podía sentir aquello?
Un tacto familiar me roza en algún lugar de mi cuerpo y hace que me gire. Él esta mirándome, allí de pie, de tal manera que me corta el aliento. Su presencia me abruma. Y con sus ojos azules me hace sonrojarme como nunca lo he hecho. Su mirada me atraviesa.
-Sabes que no deberías hacer esto.
Y aunque no sé a qué se refiere, le entiendo, y las palabras surgen solas de mi boca:
-Lo sé. Pero no puedo parar.
Él ríe.
-Yo tampoco.
Entonces, algo frío y afilado me atraviesa, dando fin a mi vida...
...y abro los ojos.Jadeo sobre la almohada y respiro bien al cabo de un rato.
Dos palabras cruzan mi mente: Nunca más.
Estamos en verano, las hojas caen, el suelo quema y te darían ganas de tirar a la basura ese puñetero aire acondicionado que apenas funciona para sacarte de los cuarenta grados en los que vives a la sombra. Digamos que, tras comprobar el calorazo que da el ordenador portátil en mis piernas, no me voy a disculpar por haber estado más de un mes sin dar señales de vida.
Mientras escucho ''Fiesta pagana'', de Mago de Oz, me pregunto cuántas veces he intentado remediar algo que he hecho y de lo cual me he arrepentido después, cuando ya era demasiado tarde como para solucionarlo. En ocasiones me he sentido estúpida por un comentario que de primeras me pareció cojonudo, hablando mal y pronto, y después he comprendido lo bonita que estaba mi cara cuando mis labios no emitían sonido alguno.
Y es que he hecho tantas cosas en tan poco tiempo... he visto demasiado y sentido en exceso, ¿dónde está ese lugar en el cual dicen que existe la calma, y carece de la frase ''comerse el coco''?
Es entonces cuando cierro los ojos y me sumerjo en un sueño que vaga entre lo ficticio y lo real. Quién sabe cuándo despertaré.
Mis pies descalzos caminan sobre la playa. Siento cómo la arena se cuela entre mis dedos, y me relaja la humedad que los empaña. Los hundo en el suelo y me quedo allí un rato, admirando la vista. El mar está en calma, el crepúsculo, imponente y majestuoso; ni un alma cruza el lugar. ¿Dónde está todo el mundo? ¿Por qué nadie viene a un sitio tan maravilloso? Algo que nunca ocurre, pasa entonces: una lágrima de emoción surca mi mejilla y me hace sonreír al mismo tiempo. ¿Qué leches sucede en este asco de mundo? ¿Y por qué, a pesar de estar en un paraíso como este, no puedo dejar de sentir pena?
Una sombra recorta el atardecer, y me sorprendo al reconocer su figura. Es él. Mi corazón late, algo que odio que pase, e intento desesperadamente estirar los brazos hacia él. Camino, y me detengo en seco. Una voz ha hablado dentro de mí:
-Detente.
¿Es él? ¿Podría serlo?
De repente, una oscuridad incierta se cierne sobre mí, dejándome sin respiración. Me tira al suelo, y allí jadeo, hundiendo las uñas en la arena, buscando algo de aire. Cierro los ojos con fuerza.
Cuando los abro, el paisaje ha cambiado. Estoy en un páramo sin vida. Mis pies ya no caminan sobre arena, sino sobre hormigón frío y duro. Pero esta vez no siento nada.
Es de noche, y cuando alzo la cabeza, una luna fría y lejana me tranquiliza y me transporta a un sopor y una paz inigualable. ¿De verdad se podía sentir aquello?
Un tacto familiar me roza en algún lugar de mi cuerpo y hace que me gire. Él esta mirándome, allí de pie, de tal manera que me corta el aliento. Su presencia me abruma. Y con sus ojos azules me hace sonrojarme como nunca lo he hecho. Su mirada me atraviesa.
-Sabes que no deberías hacer esto.
Y aunque no sé a qué se refiere, le entiendo, y las palabras surgen solas de mi boca:
-Lo sé. Pero no puedo parar.
Él ríe.
-Yo tampoco.
Entonces, algo frío y afilado me atraviesa, dando fin a mi vida...
...y abro los ojos.Jadeo sobre la almohada y respiro bien al cabo de un rato.
Dos palabras cruzan mi mente: Nunca más.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


